
Camille, también llamada La mujer del vestido verde, es un óleo que Claude Monet pintó en 1866. Es enorme para un retrato: mide unos 231 centímetros de alto y 151 de ancho, de modo que la figura aparece de cuerpo entero y a tamaño natural. Una joven está de pie ante un fondo oscuro y liso y se aparta del espectador, como si acabara de pasar a nuestro lado y mirara atrás por encima del hombro. Con una mano se arregla las cintas de su pequeño sombrero.
La verdadera protagonista del cuadro es su ropa. Lleva un largo vestido de seda con anchas rayas verdes y negras que brillan allí donde la luz toca los pliegues. La falda se extiende tras ella y se arrastra por el suelo. Encima viste una chaqueta corta marrón ribeteada de piel. El contraste entre la seda fría y brillante, la piel suave y el fondo oscuro le da al cuadro buena parte de su energía. Hoy pertenece a la Kunsthalle de Bremen, en Alemania, que lo adquirió en 1906.
La modelo era Camille Doncieux, nacida en 1847 en Lyon. Conoció a Monet en París a mediados de la década de 1860, cuando tenía unos dieciocho años, y pronto se convirtió en su compañera. La familia de Monet desaprobaba la relación, y durante años la pareja vivió con muy poco dinero. Su primer hijo, Jean, nació en 1867, y se casaron en 1870.
Camille se convirtió en la modelo más importante de los primeros años de Monet. Aparece en muchos de sus cuadros más conocidos: posó para varias de las figuras de Mujeres en el jardín; ella y el pequeño Jean compartieron el tranquilo invierno de 1868–1869 en Normandía en que Monet pintó La urraca; estuvo de pie en una colina ventosa con una sombrilla en Mujer con sombrilla, y vistió un kimono rojo en La japonesa. Murió en 1879, con solo 32 años, pero su imagen recorre más de una década del arte de Monet.
Camille no era el plan original de Monet para el Salón de 1866. Había estado trabajando en una gigantesca escena de picnic al aire libre, Almuerzo sobre la hierba, de más de cuatro metros de alto y unos seis de ancho, con la que pretendía impresionar al jurado con un tema moderno pintado a la escala de un cuadro de historia. Camille y su amigo Frédéric Bazille posaron para varias de sus figuras. Pero el lienzo era demasiado grande y ambicioso para terminarlo a tiempo.
Con el plazo del Salón cada vez más cerca, Monet cambió de rumbo y pintó Camille en su lugar, al parecer en solo unos días. A diferencia de sus obras impresionistas posteriores, lo pintó en el taller y no al aire libre, y su fondo oscuro y su pincelada audaz y segura muestran la influencia de pintores a los que admiraba, sobre todo Gustave Courbet y Édouard Manet. El inacabado Almuerzo sobre la hierba tuvo un triste destino: Monet lo dejó más tarde a un casero como garantía por un alquiler impagado, y cuando lo recuperó años después estaba dañado por la humedad. Lo cortó en pedazos, y dos fragmentos conservados cuelgan hoy en el Museo de Orsay de París.
El Salón era la gran exposición oficial de arte de París, celebrada en el Palacio de la Industria y visitada por enormes multitudes. Conseguir que aceptaran un cuadro era difícil; lograr que destacara entre miles de obras, más difícil aún. Camille consiguió ambas cosas. Los críticos lo destacaron por su frescura y su fidelidad a la vida.
El elogio más famoso vino del joven escritor Émile Zola, que entonces trabajaba como crítico de arte. En su reseña del Salón escribió que aquel era el lienzo que más tiempo había retenido su atención, y admiró lo real y vivo que parecía el vestido. Zola presentó a Monet como un pintor que había dejado atrás las aburridas convenciones académicas y pintaba con energía y verdad. Para un artista de 25 años con poco dinero, fue un gran impulso.
El éxito trajo también un pequeño problema que acompañó a Monet durante años. Su apellido se parecía tanto al de Édouard Manet, el pintor más comentado del momento, que en los Salones de la década de 1860 la gente los confundía. Al principio al pintor mayor le irritaba la confusión, pero con los años ambos se hicieron amigos.
A primera vista Camille parece un retrato de moda tradicional, pero varios rasgos anuncian el futuro de Monet:
Algunos historiadores señalan también que el rostro importa menos que la ropa: los rasgos de Camille aparecen de perfil y en parte en sombra. El cuadro es tanto la imagen de un vestido y de un gesto como el retrato de una persona concreta.
Para entender por qué un vestido podía ser el tema de un gran cuadro, conviene saber cómo era París en aquella época. Bajo el emperador Napoleón III, la ciudad se estaba reconstruyendo con anchos bulevares nuevos proyectados por el barón Haussmann, y era la capital de la moda de Europa. Grandes almacenes como Le Bon Marché estaban cambiando la forma de comprar, y las revistas de moda ilustradas difundían los últimos estilos de vestidos, sombreros y chaquetas.
Muchos artistas jóvenes creían que la pintura debía reflejar este mundo nuevo. En 1863 el poeta Charles Baudelaire publicó un ensayo titulado El pintor de la vida moderna, en el que sostenía que los artistas debían captar la ropa, las costumbres y los momentos fugaces de su propio tiempo en lugar de copiar el pasado. Monet, Manet, Renoir y otros aceptaron el reto. En Camille, la seda a rayas, el ribete de piel y el sombrerito de moda no son simple decoración: son la manera en que el cuadro afirma que el presente merece pintarse a la misma gran escala que los mitos y la historia.
El triunfo de 1866 no duró. Decidido a pintar figuras a tamaño natural con auténtica luz del día, Monet pintó a continuación Mujeres en el jardín completamente al aire libre, e incluso hizo cavar una zanja en el jardín para poder bajar el alto lienzo y alcanzar su parte superior. El jurado del Salón lo rechazó en 1867. En los años siguientes Monet fue rechazado una y otra vez, y él y Camille a menudo apenas tenían dinero para comer. Estos rechazos llevaron finalmente a Monet y a sus amigos a organizar su propia exposición en 1874, el acontecimiento que dio nombre a los impresionistas.
En este sentido, Camille se sitúa en un punto de inflexión. Fue el mayor éxito de Monet en el Salón, logrado con un gran cuadro de figura pintado en el taller y de estilo bastante tradicional. Después avanzó paso a paso hacia la pintura al aire libre, con colores luminosos y pinceladas fragmentadas, el camino que lo convertiría en la figura principal del impresionismo.
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