
Un mercado de valores, también llamado mercado bursátil o mercado de acciones, no es un único edificio. Es toda la red de compradores y vendedores que negocian acciones. Una acción es una pequeña porción de la propiedad de una empresa. Si una empresa está dividida en un millón de acciones y tú posees mil, eres dueño de una décima parte del uno por ciento de ese negocio, incluido el derecho correspondiente sobre sus beneficios y sus bienes.
La mayoría de las acciones de las que se oye hablar se negocian en bolsas de valores públicas, como la Bolsa de Nueva York o la Bolsa de Londres. Pero el mercado de valores en sentido amplio incluye también acciones que cambian de manos de forma privada, por ejemplo, acciones de empresas privadas jóvenes que se venden a inversores a través de plataformas de financiación colectiva de capital. Lo que une todo esto es la misma idea básica: la propiedad de un negocio puede dividirse en unidades, y esas unidades pueden comprarse y venderse.
Una empresa que quiere crecer necesita dinero para construir fábricas, contratar personal o desarrollar nuevos productos. Puede pedir prestado ese dinero, lo que significa devolverlo con intereses, o puede vender una parte de sí misma a inversores. Vender acciones aporta dinero que nunca hay que devolver. A cambio, los nuevos propietarios obtienen voz en la gestión de la empresa, normalmente votando en las juntas de accionistas, y una parte de su éxito futuro.
Los accionistas pueden beneficiarse de dos maneras principales. En primer lugar, algunas empresas reparten parte de sus beneficios en forma de dividendos, pagos regulares en efectivo a todos los accionistas. En segundo lugar, si la empresa gana valor, el precio de sus acciones puede subir, y quien vende por más de lo que pagó obtiene una ganancia de capital. Ambas recompensas son inciertas: los dividendos pueden recortarse y los precios de las acciones pueden bajar igual que subir.
La gente comerciaba con deudas, mercancías y participaciones en empresas mucho antes de que existieran las bolsas modernas. Los mercaderes de las ciudades-estado italianas medievales y de Flandes se reunían con regularidad para negociar letras de cambio y materias primas, y la ciudad belga de Amberes inauguró en el siglo XVI un edificio construido expresamente como bolsa.
La historia del mercado de valores moderno suele empezar en Ámsterdam. En 1602 se fundó la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, conocida por sus siglas neerlandesas VOC, para gestionar el comercio con Asia. Vendió acciones al público, y esas acciones podían revenderse a otras personas. El comercio de acciones de la VOC convirtió a Ámsterdam en la sede de lo que a menudo se describe como el primer mercado de valores moderno. Muchas herramientas que aún se usan hoy, como comprar acciones a crédito o apostar por la caída de los precios, ya se practicaban allí en el siglo XVII.
En Londres, los corredores de bolsa no eran bien recibidos en la Royal Exchange oficial, en parte por sus modales toscos, así que se reunían en cafés. Uno de ellos, el Jonathan's Coffee House, se convirtió en punto de encuentro habitual de los operadores, y este mercado informal acabó dando origen a la Bolsa de Londres.
Al otro lado del Atlántico, en 1792, un grupo de 24 corredores firmó el Acuerdo de Buttonwood, llamado así por un plátano americano (en inglés, buttonwood) de Wall Street, en Nueva York, bajo el cual se dice que se reunían. El acuerdo fijó normas comunes para negociar y se considera el origen de la Bolsa de Nueva York.
Durante mucho tiempo, los precios se gritaban en abarrotados parqués de negociación, en un sistema llamado subasta a viva voz. Desde finales de la década de 1860, el teletipo bursátil, una máquina que imprimía los precios en una larga tira de papel, llevaba las operaciones a oficinas lejanas. Por eso los códigos cortos de las empresas, como AAPL para Apple, todavía se llaman símbolos bursátiles o «tickers». En 1971 abrió el Nasdaq, el primer mercado de valores electrónico del mundo, y hoy casi toda la negociación del planeta la realizan ordenadores que casan órdenes en fracciones de segundo.
El precio de una acción no lo decide la empresa ni el gobierno. Lo fija la oferta y la demanda: es el precio al que acordaron operar el último comprador y el último vendedor.
En cada momento, algunas personas quieren comprar una acción e indican el precio máximo que pagarían, llamado precio de compra o bid. Otras quieren vender e indican el precio mínimo que aceptarían, llamado precio de venta o ask. La bolsa guarda todas estas ofertas en un libro de órdenes. Cuando un precio de compra y uno de venta coinciden, se produce una operación. Una orden de mercado dice «compra o vende ahora mismo al mejor precio disponible», mientras que una orden limitada dice «opera solo a este precio o a uno mejor».
Los precios cambian cuando cambian las expectativas de la gente. La noticia de que una empresa ganó más de lo previsto, lanzó un producto de éxito o consiguió un gran contrato puede hacer que más personas quieran comprar. Un escándalo, un producto fallido o la preocupación por la economía en general pueden hacer que más personas quieran vender. Como los inversores intentan adivinar el futuro, los precios suelen reaccionar a lo que la gente cree que pasará más que a lo que ya ha pasado.
Cuando una empresa vende nuevas acciones al público por primera vez, se habla de una oferta pública inicial, u OPI, que tiene lugar en el mercado primario. El dinero va a la empresa. Después, los inversores negocian esas acciones entre sí en el mercado secundario. La mayor parte de la negociación diaria es secundaria: cuando un inversor compra una acción a otro, la propia empresa no recibe nada de esa operación, aunque un precio de la acción saludable le facilita conseguir dinero en el futuro.
Con miles de empresas cotizando a la vez, la gente usa los índices bursátiles para ver el panorama general. Un índice sigue los precios de un grupo seleccionado de acciones y los combina en una sola cifra.
El valor de una empresa en el mercado se llama capitalización bursátil. Se calcula de forma sencilla: el precio de la acción multiplicado por el número de acciones existentes. Una empresa con 100 millones de acciones a 50 dólares cada una tiene una capitalización bursátil de 5000 millones de dólares. La Bolsa de Nueva York y el Nasdaq, ambos en Nueva York, son las dos mayores bolsas del mundo por el valor total de las empresas que cotizan en ellas.
Un periodo largo de subidas de precios se llama mercado alcista (en inglés, bull market, «mercado del toro»), y un periodo largo de bajadas es un mercado bajista (bear market, «mercado del oso»). Una forma habitual de recordarlo es que el toro ataca lanzando los cuernos hacia arriba, mientras que el oso golpea con las zarpas hacia abajo. Hay estatuas de toros frente a varias bolsas, y el Charging Bull de bronce cerca de Wall Street se ha convertido en una famosa atracción turística.
Como los precios dependen de las expectativas humanas, los mercados a veces oscilan hacia los extremos. Cuando el entusiasmo lleva los precios muy por encima de lo que las empresas pueden ganar de forma realista, se habla de una burbuja. Cuando la burbuja estalla, los precios pueden caer muy deprisa.
Cada crisis trajo nuevas normas. Después de 1929, Estados Unidos creó en 1934 la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) para supervisar los mercados y obligar a las empresas a publicar información veraz. Después de 1987, las bolsas introdujeron los cortacircuitos, pausas automáticas en la negociación cuando los precios caen demasiado rápido, para dar a la gente tiempo de calmarse. La historia muestra también que los mercados se han recuperado de los cracs pasados, aunque la recuperación a veces ha llevado muchos años.
Un mercado de valores solo funciona si la gente confía en él. Por eso, la mayoría de los países tienen un organismo regulador que vigila la negociación. Las empresas que cotizan en bolsa deben publicar informes financieros periódicos para que todos los inversores puedan ver los mismos datos básicos.
Una de las normas más importantes prohíbe el uso de información privilegiada: comprar o vender acciones utilizando información secreta importante que el público no tiene, como saber de una adquisición antes de que se anuncie. También es ilegal difundir rumores falsos para hacer subir o bajar los precios, lo que se conoce como manipulación del mercado. Estas normas existen porque un mercado en el que unos pocos saben en secreto más que todos los demás perdería rápidamente la confianza de los inversores corrientes.
Incluso quienes nunca compran una sola acción están conectados con la bolsa. Muchos fondos de pensiones, que pagan a las personas unos ingresos tras su jubilación, invierten parte de su dinero en acciones. Las universidades, las organizaciones benéficas y las compañías de seguros a menudo hacen lo mismo. Cuando los precios de las acciones suben o bajan, el valor de esos ahorros también cambia.
El mercado también ayuda a la economía a decidir adónde debe ir el dinero. Las empresas con ideas prometedoras pueden reunir fondos para crecer, lo que puede crear empleo y nuevos productos. Al mismo tiempo, la bolsa no es lo mismo que la economía: los precios de las acciones pueden subir mientras mucha gente lo pasa mal, o bajar mientras las empresas siguen funcionando con normalidad, porque los precios reflejan expectativas sobre el futuro.
Toda acción conlleva riesgo. Una empresa puede quebrar y sus acciones pueden perder todo su valor. Una idea en la que insisten los economistas es la diversificación: repartir el dinero entre muchas empresas y sectores distintos para que el fracaso de uno no lo arruine todo. De esta idea nacieron los fondos indexados, que simplemente compran todas las acciones de un índice. En 1976 la empresa de John Bogle, Vanguard, lanzó uno de los primeros fondos indexados abiertos a inversores corrientes, y desde entonces estos fondos se han vuelto muy populares. La diversificación reduce el riesgo, pero nunca lo elimina.
La bolsa empezó con mercaderes que se reunían en posadas y cafés y se ha convertido en un sistema mundial que conecta a millones de personas. Entender cómo funciona, desde cómo se fija el precio de una sola acción hasta por qué a veces se hunden mercados enteros, ayuda a comprender muchos titulares sobre la economía. Este artículo tiene fines exclusivamente educativos y no es un consejo para comprar o vender ninguna inversión.
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