
Richard Ling <wikipedia@rling.com> · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
Un arrecife de coral es un ecosistema submarino construido por animales vivos. Parece roca, y en gran parte lo es, pero esa roca la fabricaron los corales: pequeñas criaturas que toman calcio y carbonato del agua de mar y los convierten en duros esqueletos de caliza. A lo largo de cientos y miles de años, una generación de corales tras otra añade nuevas capas sobre las antiguas, y el resultado es un arrecife que puede extenderse durante kilómetros y elevarse decenas de metros sobre el lecho marino.
Los arrecifes de coral cubren menos del uno por ciento del fondo oceánico y, sin embargo, en ellos vive aproximadamente una cuarta parte de todas las especies marinas conocidas. Peces, tortugas marinas, tiburones, pulpos, estrellas de mar, esponjas, almejas, camarones e innumerables organismos más pequeños viven sobre ellos, dentro de ellos y a su alrededor. Por esta abundante variedad de vida, a los arrecifes de coral se les llama a menudo las selvas tropicales del mar.
Un coral no es una planta ni una piedra. Es un animal, emparentado con las medusas y las anémonas de mar. Todos ellos pertenecen a un grupo llamado cnidarios, que tienen el cuerpo blando y tentáculos armados con diminutas células urticantes.
Lo que solemos llamar «un coral» es en realidad una colonia formada por muchos individuos diminutos llamados pólipos. Cada pólipo tiene un cuerpo en forma de tubo, a menudo de solo unos milímetros de ancho, con una boca en la parte superior rodeada por un anillo de tentáculos. Los pólipos de una colonia están unidos por una fina capa de tejido vivo, de modo que comparten alimento y trabajan juntos casi como un único gran organismo.
Los corales constructores de arrecifes se conocen como corales pétreos o corales duros. Cada pólipo produce bajo su cuerpo un esqueleto de carbonato de calcio en forma de copa. Cuando el pólipo crece y se divide, los nuevos pólipos construyen sus propias copas junto a las antiguas y encima de ellas. Las distintas especies crecen con formas muy diferentes: los corales ramificados parecen cuernos de ciervo o pequeños árboles, los corales cerebro forman cúpulas redondeadas cubiertas de surcos sinuosos, los corales tabulares se extienden como platos planos y los corales masivos forman sólidos peñascos.
Los corales obtienen alimento de dos maneras. Por la noche, muchos pólipos extienden sus tentáculos y usan las células urticantes para atrapar diminutos animales que flotan a la deriva, llamados zooplancton. Pero la mayor parte de su energía procede de una alianza con algas microscópicas que viven dentro de sus tejidos.
Dentro de las células de la mayoría de los corales constructores de arrecifes viven algas unicelulares conocidas comúnmente como zooxantelas. Como las plantas, estas algas usan la luz solar para fabricar azúcares mediante la fotosíntesis. Comparten gran parte de este alimento con el coral; en muchos corales, las algas aportan la mayor parte de la energía que el coral necesita. A cambio, el coral ofrece a las algas un hogar seguro, un lugar bajo el sol y productos de desecho, como dióxido de carbono y compuestos de nitrógeno, que las algas usan como nutrientes.
Esta alianza es el secreto del éxito de los arrecifes de coral. El agua de mar tropical suele ser clara precisamente porque contiene muy pocos nutrientes, y pocos seres vivos pueden prosperar en un agua tan «vacía». Al reciclar los nutrientes entre ellos, el coral y sus algas logran vivir en un lugar donde la mayoría de los organismos morirían de hambre. Las algas también dan a muchos corales sus colores, del marrón y el verde al dorado.
Como las algas necesitan luz, los corales constructores de arrecifes viven sobre todo en aguas poco profundas, normalmente a menos de unos 50 metros de profundidad, donde llega la luz del sol.
Los corales constructores de arrecifes son exigentes con el lugar donde viven. La mayoría necesita:
Los arrecifes son comunes en las costas orientales de los continentes, por donde fluyen corrientes cálidas procedentes de los trópicos, y más escasos en las costas occidentales, donde ascienden corrientes frías desde las profundidades. Los arrecifes más ricos del mundo se encuentran en el Triángulo de Coral, una región del Pacífico occidental que incluye las aguas de Indonesia, Filipinas, Malasia, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón y Timor Oriental. Allí vive alrededor de las tres cuartas partes de todas las especies conocidas de corales constructores de arrecifes. Otras regiones de arrecifes famosas son el mar Rojo, el Caribe, el océano Índico en torno a las Maldivas y la costa del noreste de Australia.
Los científicos suelen dividir los arrecifes de coral en tres tipos principales, una clasificación descrita por primera vez por el naturalista Charles Darwin, que estudió los arrecifes durante su viaje a bordo del HMS Beagle en la década de 1830.
Los atolones desconcertaban a los primeros exploradores: ¿cómo podía un anillo de corales de aguas someras surgir del profundo océano abierto? Darwin propuso una respuesta en su libro de 1842 sobre los arrecifes de coral. Sugirió que un atolón comienza como un arrecife costero alrededor de una isla volcánica. Durante muchísimo tiempo, el volcán se hunde lentamente, mientras los corales siguen creciendo hacia arriba, en busca de la luz. El arrecife costero se convierte en una barrera con una laguna, y cuando la isla desaparece por fin bajo las olas, solo queda el anillo de arrecife: un atolón.
Darwin no pudo demostrar su idea en vida. Más de un siglo después, a principios de la década de 1950, unos científicos perforaron a gran profundidad el atolón de Enewetak, en las Islas Marshall. Atravesaron más de 1200 metros de caliza de arrecife antes de llegar a roca volcánica, lo que respaldó con fuerza la teoría de Darwin.
El mayor sistema de arrecifes de coral de la Tierra es la Gran Barrera de Coral, frente a la costa de Queensland, en Australia. Se extiende a lo largo de más de 2300 kilómetros y está formada por unos 2900 arrecifes individuales y cientos de islas. Es tan grande que puede verse desde el espacio, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981. No es un único muro de coral, sino un enorme laberinto de arrecifes, lagunas, canales e islas.
El Sistema Arrecifal Mesoamericano, que recorre las costas de México, Belice, Guatemala y Honduras, es el mayor sistema de arrecifes del océano Atlántico. Las Maldivas, en el océano Índico, son un país formado casi por completo por atolones, cuyas islas se alzan apenas un poco por encima del nivel del mar.
Un arrecife es como una ciudad bulliciosa donde cada habitante tiene un oficio. Entre sus habitantes más conocidos están:
Cada agujero y cada rama de un arrecife ofrecen refugio, y por eso tantas especies pueden vivir en un espacio tan pequeño. Los peces herbívoros y los erizos de mar también desempeñan un papel importante: al comer algas, impiden que estas cubran y asfixien a los corales.
Los corales pueden reproducirse de dos maneras. En la reproducción asexual, un pólipo se divide o forma yemas que dan lugar a nuevos pólipos; así crece una colonia. Una rama rota también puede asentarse en el fondo marino y convertirse en una nueva colonia.
En la reproducción sexual, muchos corales liberan óvulos y espermatozoides en el agua. En la Gran Barrera de Coral, muchas especies lo hacen a la vez en un acontecimiento espectacular llamado desove masivo, que tiene lugar durante algunas noches después de una luna llena a finales de la primavera. El agua se llena de nubes de diminutos paquetes rosados, anaranjados y blancos que flotan hacia la superficie. Los huevos fecundados se convierten en larvas nadadoras que van a la deriva durante días o semanas antes de fijarse en una superficie dura y fundar una nueva colonia. Los científicos creen que el momento depende de la temperatura del agua, del ciclo lunar y de la duración del día.
Los arrecifes de coral no solo son hermosos; también son extraordinariamente útiles para los seres humanos.
A pesar de su tamaño y su edad, los arrecifes de coral son frágiles. En las últimas décadas se han dañado grandes extensiones de arrecife, y los científicos los consideran uno de los ecosistemas más amenazados por el cambio climático.
Cuando el agua se calienta demasiado durante demasiado tiempo, la alianza entre los corales y sus algas se rompe. Los corales estresados expulsan las algas de sus tejidos y, como las algas les dan la mayor parte de su color, el coral palidece y su esqueleto blanco se transparenta a través del tejido. Esto se llama blanqueamiento de coral. Un coral blanqueado aún no está muerto y puede recuperarse si las temperaturas vuelven pronto a la normalidad. Pero si el calor dura demasiado, el coral muere de hambre. Se registraron episodios de blanqueamiento masivo que afectaron a arrecifes de todo el mundo en 1998, en 2010 y entre 2014 y 2017, y en 2024 se declaró un cuarto episodio mundial de blanqueamiento.
El océano absorbe una gran parte del dióxido de carbono que los seres humanos liberan al aire. Cuando el dióxido de carbono se disuelve en el agua de mar, el agua se vuelve más ácida y hay menos iones carbonato disponibles. Esto dificulta que los corales construyan sus esqueletos y puede debilitar las estructuras de arrecife ya existentes.
Los arrecifes también sufren problemas más cercanos: la contaminación y el lodo arrastrados desde tierra, la sobrepesca, la pesca destructiva con explosivos o veneno, el fondeo descuidado y la construcción en la costa. Las plagas de la estrella de mar corona de espinas, que se alimenta de pólipos de coral, pueden arrasar grandes zonas de arrecife, sobre todo donde han desaparecido sus depredadores naturales.
Muchos países han creado áreas marinas protegidas en las que la pesca y otras actividades están limitadas para que los arrecifes puedan recuperarse. Científicos y voluntarios también cultivan fragmentos de coral en viveros submarinos, un método que suele llamarse jardinería de coral, y después los trasplantan a arrecifes dañados. Los investigadores estudian corales que resisten de forma natural temperaturas más altas, con la esperanza de ayudar a los arrecifes a adaptarse a mares más cálidos.
Las acciones cotidianas también cuentan. Los visitantes pueden evitar tocar o pisar los corales, elegir operadores turísticos responsables y no comprar recuerdos hechos de coral o de otros animales de arrecife. Sin embargo, a largo plazo, los científicos coinciden en que el paso más importante para el futuro de los arrecifes es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que están calentando los océanos.
Desde un solo pólipo diminuto hasta una estructura visible desde el espacio, los arrecifes de coral muestran cómo pequeños seres vivos, trabajando juntos durante periodos inmensos de tiempo, pueden dar forma al rostro del planeta.
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